Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Yo Como Madre Me Propongo Llevar A Mi Abrazo Maternal A Todos Mis Hijos Extraviados.
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Nuestra Madre nos llama a ayudarle en su lucha maternal por todos aquellos hijos extraviados que viven lejos del amor de Dios. A través de nuestros Rosarios, oraciones, ayunos y pequeños sacrificios ofrecidos con amor, el Espíritu Santo puede tocar corazones, sanar heridas y conducir nuevamente muchas almas hacia el camino de la fe.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. Seguimos acercándonos a Pentecostés esperando recibir al Espíritu Santo, quien quiere renovar nuestros corazones y derramar nuevamente su luz sobre el mundo entero. En este tiempo de gracia, nuestra madre nos hace un llamado profundamente importante. En el mensaje del 2 de diciembre del 2012 nos dice: «Queridos hijos, con amor materno y paciencia materna, los invito de nuevo a vivir según mi hijo, a vivir su paz y su amor. Como mis apóstoles, acepten con todo el corazón la verdad de Dios y que oren al Espíritu Santo para que los guíe. Entonces podrán servir fielmente a mi hijo y con vuestra vida mostrar su amor a los demás por medio del amor de mi hijo y de mi amor. Yo como madre me propongo llevar a mi abrazo maternal a todos los hijos extraviados y mostrarles el camino de la fe. Hijos míos, ayúdenme en mi lucha materna y oren conmigo para que los pecadores conozcan sus pecados y se arrepientan sinceramente. Les doy las gracias». Qué fuerte y qué llena de amor está esta frase: «Yo como madre me propongo». Nuestra madre verdaderamente toma a pecho esta misión. Ella quiere abrazar a todos sus hijos extraviados y conducirlos nuevamente hacia Dios. Y quizá esos hijos extraviados no son personas lejanas. Tal vez están dentro de nuestra propia familia. Puede ser un hijo, un nieto, un esposo, un hermano, un padre, una madre, un amigo. Alguien que aparentemente está bien, pero cuyo corazón está herido, confundido, apagado espiritualmente o lejos del amor de Dios. Y precisamente por eso la Virgen nos pide ayuda. «Ayúdenme en mi lucha materna». Qué misterio tan grande y tan hermoso. Nuestra madre nos necesita. Nos pide nuestros rosarios, nuestros ayunos, nuestros sacrificios, nuestras renuncias, nuestras oraciones ofrecidas con amor por aquellos que no oran y todavía no conocen el amor de Dios. Nada de eso se pierde. Cada oración hecha con amor tiene valor. Cada sacrificio ofrecido por un alma puede convertirse en gracia para alguien que vive lejos de Dios. Nuestra Madre toma esas pobres oraciones y las presenta a Jesús con amor maternal. Y el Espíritu Santo puede servirse de ellas para irrumpir en la vida de las almas más alejadas, sanar heridas profundas, iluminar corazones y conducir nuevamente hacia el Padre a quienes estaban perdidos. Tal vez un rosario ofrecido con amor ayudará a un hijo a regresar a Dios. Tal vez un ayuno abrirá el corazón de alguien endurecido. Tal vez una oración silenciosa permitirá que el Espíritu Santo toque a una persona que hoy vive confundida o sin esperanza. Por eso la Virgen nos invita a abrir el corazón y pensar también en las almas que necesitan volver a Dios. Y nuestra Madre nos recuerda algo hermosísimo también en el mensaje del 25 de noviembre del 2025, cuando nos dice: "Queridos hijos, oren por aquellos que no oran ni desean la paz y la alegría que solo el Altísimo puede dar". Y después nos dice que todo el bien que hagamos volverá a nosotros. Dios nunca se deja ganar en generosidad. Todo rosario ofrecido con amor, todo sacrificio, toda oración hecha por un alma, todo acto de amor ofrecido a Dios traerá bendición, paz y gracia también para nuestro propio corazón. Por eso no debemos cansarnos de ayudar a nuestra Madre en su lucha maternal por las almas. Especialmente ahora, acercándonos a Pentecostés, pidamos con más fuerza al Espíritu Santo que venga sobre el mundo entero, sobre nuestras familias y sobre todos aquellos hijos extraviados que necesitan volver al abrazo del Padre. Ven, Espíritu Santo. Ven y renueva los corazones. Ven por medio del corazón inmaculado de María, tu amadísima esposa.