Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje

Oren, Hijitos, Para Que En Ustedes Habite En Plenitud El Espíritu Santo.

Paty Gallego Season 4 Episode 99

Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.

0:00 | 4:55

En esta reflexión la Virgen nos llama a dejarnos conducir por el Espíritu Santo para que nuestra vida sea testimonio vivo del amor de Dios. ✨🕊️

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. Cada día nos acercamos más a Pentecostés, preparando el corazón para recibir al Espíritu Santo. Y qué hermoso que precisamente en estos días nuestra Madre nos regale este mensaje del 25 de mayo del año 2000. Nuestra Madre empieza por decirnos: "Queridos hijos, me regocijo con ustedes y en este tiempo de gracia los invito a una renovación espiritual. Oren, hijitos, para que en ustedes habite en plenitud el Espíritu Santo, a fin de que puedan testimoniar con gozo a todos aquellos que están lejos de la fe. Hijitos, oren en particular por los dones del Espíritu Santo, para que en el espíritu del amor cada día y en cada situación estén más cerca del hermano, a fin de que con sabiduría y amor superen toda dificultad. Yo estoy con ustedes e intercedo por cada uno de ustedes ante Jesús. Gracias por haber respondido a mi llamado". Qué profunda es esta invitación de nuestra Madre. La Virgen no nos dice solamente que el Espíritu Santo esté cerca de nosotros, sino que habite en nosotros en plenitud. Y esa palabra, plenitud, encierra algo inmenso. Significa dejar que el Espíritu Santo llene verdaderamente nuestra vida, nuestro corazón, nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestra manera de vivir. Habitar en plenitud quiere decir no vivir solamente de ratitos con Dios, no buscarlo únicamente cuando tenemos problemas o necesidades, sino permitirle al Espíritu Santo permanecer en nosotros, actuar dentro de nosotros y conducirnos cada día. Porque el Espíritu Santo no quiere ocupar un lugar lejano en nuestra vida. Él quiere permanecer cerca de nosotros, guiarnos, sostenernos y conducirnos cada día. Y cuando el Espíritu Santo habita en una persona, algo comienza a cambiar dentro de ella. La persona siente su presencia, se llena de una paz distinta, de un gozo que el mundo no puede dar. Se transforma la manera de hablar, de reaccionar, de tratar a los demás, de enfrentar las pruebas, hasta de vivir el sufrimiento, porque ya no camina sola. El Espíritu Santo está ahí, la conduce, la sostiene y le recuerda continuamente cuánto la ama Dios. Por eso la Virgen nos dice: "A fin de que puedan testimoniar con gozo a todos aquellos que están lejos de la fe". El mundo necesita testimonios vivos, personas que transmitan paz, esperanza, amor y luz aun en medio de las dificultades. Y eso solamente puede venir del Espíritu Santo. También nuestra Madre nos invita a orar de manera particular por sus dones, porque no podemos solos. Necesitamos la sabiduría del Espíritu Santo para ver las cosas con los ojos de Dios. Necesitamos el entendimiento para comprender lo que el Señor quiere de nosotros. Necesitamos fortaleza para seguir adelante en medio de las pruebas. Necesitamos consejo para tomar decisiones correctas. Necesitamos piedad para amar más a Dios y volver continuamente nuestro corazón hacia él. Y necesitamos ese santo temor de Dios, no como miedo, sino como el deseo profundo de no alejarnos jamás de su amor. Y qué hermoso saber que no estamos solos en este camino, porque al final la Virgen nos vuelve a consolar diciéndonos: "Yo estoy con ustedes e intercedo por cada uno de ustedes ante Jesús". Pidámosle en estos días de preparación a Pentecostés que abra nuestro corazón y que el Espíritu Santo venga verdaderamente a habitar en nosotros en plenitud