Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Su Corazón Es Como Una Tierra Labrada.
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La Virgen nos recuerda que la oración y el ayuno preparan nuestro corazón como una tierra labrada, abierta a la gracia de Dios. Somos libres de elegir el bien o el mal, y por eso ella nos invita a orar, ayunar y sembrar alegría. Cuando permitimos que Dios trabaje nuestra tierra interior, crecen frutos de paz, alegría y amor que otros pueden recibir a través de nuestra vida.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. Mientras nos acercamos al 25 de junio, aniversario número cuarenta y cinco de la presencia de nuestra Madre en Medugorje, Seguimos preparándonos con la oración y el ayuno, tal como ella nos ha invitado tantas veces, especialmente en el último mensaje del 25 de mayo del 2026. Queremos preparar nuestro corazón para recibir las gracias que Dios desea derramar sobre nosotros y para ello la Virgen nos regala este hermoso mensaje del 25 de enero del 2008. Nuestra Madre empieza por decirnos: queridos hijos, con el tiempo cuaresmal ustedes se acercan a un tiempo de gracia. Su corazón es como una tierra labrada y está pronto a recibir el fruto que germinará en bien qué imagen tan hermosa. La Virgen compara nuestro corazón con una tierra labrada, una tierra que ha sido trabajada, una tierra donde se han quitado piedras, espinas y maleza. Una tierra preparada para recibir la acción de Dios. Y eso es precisamente lo que hacen la oración y el ayuno. Van preparando el corazón, van removiendo aquello que endurece el alma, van arrancando poco a poco el egoísmo, el orgullo, la indiferencia y el pecado. Van haciendo espacio para Dios. Por eso la Virgen nos dice que estamos viviendo un tiempo de gracia, un tiempo para prepararnos, un tiempo para abrirnos más al amor de Dios, un tiempo para dejar que él trabaje nuestra tierra interior. Y es muy hermoso que la Virgen no se detenga solamente en la preparación de la tierra. Ella ya ve más allá. Nos dice que nuestro corazón está pronto a recibir el fruto que germinará en bien. Es como si ya estuviera contemplando la cosecha que Dios quiere realizar en nosotros. Como una madre que ve no solamente lo que somos hoy, sino también aquello en lo que podemos convertirnos si abrimos el corazón a la gracia de Dios Después nos dice algo muy importante: "Ustedes, hijitos, son libres de elegir el bien o el mal. Por eso los invito, oren y ayunen". Qué hermosa conexión. La Virgen reconoce nuestra libertad. Dios no nos obliga, Dios no nos fuerza. Podemos elegir el bien o el mal. Pero precisamente porque somos libres necesitamos la oración y el ayuno, porque la oración ilumina nuestra mente y el ayuno fortalece nuestra voluntad. Nos ayudan a elegir a Dios una y otra vez. Nos ayudan a elegir el bien. Nos ayudan a elegir la vida. Y entonces la Virgen nos sorprende con unas palabras que quizá no esperaríamos cuando nos dice: "Siembren alegría". Normalmente pensaríamos que después de hablar del ayuno nos hablaría de sacrificios o renuncias. Pero ella nos dice: "Siembren alegría". ¿Por qué? Porque la alegría es uno de los frutos de un corazón que vive cerca de Dios. No se trata de una alegría superficial, no se trata de estar sonriendo todo el día. Se trata de esa alegría profunda que nace cuando sabemos que somos amados por Dios y caminamos con él. Por eso la Virgen continúa usando la imagen del agricultor: "Siembren alegría". Porque aquello que sembramos en el corazón es lo que termina creciendo y por eso nos dice: "Y en sus corazones el fruto de la alegría crecerá por vuestro bien". Qué promesa tan hermosa. La Virgen no ve la oración y el ayuno como una pérdida, los ve como una preparación para una cosecha. Y luego añade algo todavía más hermoso: "Y otros lo verán y lo recibirán a través de vuestra vida". No dice que otros lo recibirán solamente por nuestras palabras, dice que lo recibirán a través de nuestra vida. Cuando una persona vive la oración, cuando una persona ayuna con amor, cuando una persona lucha contra el pecado, cuando una persona se deja transformar por Dios, algo cambia en ella y los demás lo perciben. Por eso la Virgen termina diciéndonos: "Renuncien al pecado y elijan la vida eterna". Ella nos está mostrando el camino: preparar la tierra, elegir el bien, orar, ayunar, sembrar alegría, renunciar al pecado y caminar hacia la vida eterna Pidámosle hoy a nuestra madre que mientras nos acercamos al aniversario número cuarenta y cinco de su presencia entre nosotros, siga preparando nuestro corazón, que lo convierta en una tierra buena, una tierra abierta a Dios, una tierra donde pueden crecer los frutos de la oración, del ayuno, de la paz y de la alegría, y que muchos puedan descubrir el amor de Dios a través de nuestra vida