Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Dios Se Oferece Y Se Da Ustedes, Pero Desea Que Ustedes Respondan Con Libertad A Su Invitación.
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
La Virgen nos recuerda que la oración es un verdadero encuentro con Dios. Él ya se ofrece y se da a nosotros; sólo espera una respuesta libre a su invitación.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra Mientras caminamos con gratitud y esperanza hacia el cuarenta y cinco aniversario de la presencia de nuestra Madre en Medugorje, quisiera compartir con ustedes unas palabras muy hermosas del mensaje del 25 de noviembre de 1988. La Virgen nos dice: "Queridos hijos, los invito a la oración para que en la oración ustedes tengan un encuentro con Dios. Dios se ofrece y se da a ustedes, pero él desea de ustedes que respondan con libertad a su invitación. Por eso, hijitos, encuentren durante el día un tiempo para poder orar en paz y con humildad y encontrarse con Dios, el Creador. Yo estoy con ustedes e intercedo por ustedes ante Dios. Por tanto, estén atentos a fin de que cada encuentro en la oración sea un encuentro gozoso con Dios. Gracias por haber respondido a mi llamado". Qué mensaje tan sencillo y tan profundo. Nuevamente, la Virgen nos invita a la oración. Pero qué hermoso descubrir para qué nos invita a la oración. No nos dice solamente oren. Nos dice: "Los invito a la oración para que en la oración ustedes tengan un encuentro con Dios". Esa es la finalidad, ese es el propósito, ese es el regalo: encontrarnos con Dios. Y enseguida la Virgen nos recuerda algo que muchas veces olvidamos: "Dios se ofrece y se da a ustedes". Qué palabras tan llenas de esperanza, porque muchas veces pensamos que tenemos que buscar a Dios muy lejos, que tenemos que convencerlo para que nos escuche, que tenemos que llamarlo para que venga. Y la Virgen nos dice todo lo contrario: Dios ya está, Dios ya se ofrece, Dios ya se da, Dios ya está esperando. Lo único que él desea es que respondamos libremente a su invitación. Porque Dios no obliga, Dios no fuerza, Dios no invade. Dios se ofrece, Dios se da y nos invita. Es una invitación a detenernos, una invitación a encontrarnos con él, una invitación a abrirle el corazón. Y como toda invitación verdadera, espera una respuesta libre Una respuesta nacida del amor. Por eso la Virgen nos dice: "Encuentren durante el día un tiempo para poder orar en paz y con humildad y encontrarse con Dios, el creador". Qué sencilla parece esta invitación y qué profunda es. No nos pide cosas extraordinarias, no nos pide grandes sacrificios, no nos pide largas horas. Nos pide encontrar un momento, un momento para detenernos, un momento para hacer silencio, un momento para abrir el corazón. Porque Dios ya está ahí, esperándonos, ofreciéndose, dándose a nosotros. Y quizás muchas veces la diferencia entre un día lleno de prisa y un día lleno de gracia es simplemente ese momento en que decidimos detenernos y responder a su invitación. Y qué consuelo encontramos en las palabras de nuestra madre cuando nos dice: "Yo estoy con ustedes e intercedo por ustedes ante Dios". Porque mientras nosotros intentamos encontrar ese momento para Dios, ella ya está orando por nosotros. Mientras nosotros luchamos por detenernos, ella ya está intercediendo. Mientras nosotros buscamos abrir el corazón, ella ya está rogando por nosotros. Y qué hermoso pensar que también está pidiendo por nuestra apertura de corazón. Y al final del mensaje, la Virgen nos deja una invitación muy hermosa: estén atentos a fin de que cada encuentro en la oración sea un encuentro gozoso con Dios". Qué importante es esa palabra, "estén atentos", porque Dios puede salir a nuestro encuentro en cualquier momento, mientras rezamos, mientras leemos la palabra de Dios, mientras estamos ante el Santísimo o incluso en medio de las actividades sencillas de cada día. Porque cuando verdaderamente nos encontramos con Dios, descubrimos una vez más que Dios está aquí, que siempre ha estado ahí, que nunca nos ha abandonado, que sigue amándonos con el mismo amor, con un amor que no cambia, un amor que permanece, un amor que sana, un amor que fortalece, un amor que abraza, un amor que libera, un amor que nos devuelve la esperanza. Porque fuimos creados para Dios y nada llena tanto el corazón humano como encontrarse con él