Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje

Queridos Hijos, Estoy Dando Gracias A Dios Por Cada Uno De Ustedes.

Paty Gallego Season 4 Episode 120

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En este mensaje, nuestra Madre comienza dando gracias a Dios por cada uno de nosotros y agradeciendo también nuestra respuesta a su llamado. Nos recuerda que cada oración, cada sacrificio, cada esfuerzo por vivir sus mensajes y cada paso en el camino de la conversión tienen un gran valor ante Dios.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la Tierra. Con inmensa alegría y gratitud en el corazón, vemos acercarse cada vez más el cuarenta y cinco aniversario de la presencia de nuestra Madre en Medugorje. Hoy reflexionamos el mensaje del 25 de junio del 2019, donde nuestra Madre empieza por decirnos: "Queridos hijos, estoy dando gracias a Dios por cada uno de ustedes. De manera particular, hijitos, gracias por haber respondido a mi llamado. Los estoy preparando para nuevos tiempos, para que sean firmes en la fe y perseverantes en la oración, para que el Espíritu Santo obre a través de ustedes y renueve la faz de la Tierra. Oro con ustedes por la paz, que es el don más precioso. Gracias por haber respondido a mi llamado". Y aunque este mensaje fue dado en el año 2019, sus palabras siguen teniendo una fuerza extraordinaria para nosotros hoy, porque no son palabras que hayan perdido su valor con el paso del tiempo. Son palabras que nacen del amor de una madre y están llenas de la gracia de Dios. Por eso siguen tocando los corazones, siguen iluminando nuestro camino, siguen invitándonos a la conversión, a la oración y a la paz. Nuestra Madre comienza diciendo: "Estoy dando gracias a Dios por cada uno de ustedes". Qué hermoso pensar que cuando nuestra Madre da gracias a Dios por cada uno de nosotros no lo hace de manera impersonal ni distante. Lo hace con la mirada y el corazón de una madre que contempla a sus hijos como un tesoro recibido de Dios. Lo hace con el amor inmenso de una madre que valora profundamente a cada uno de sus hijos. Ella ve nuestras luchas, ve nuestros esfuerzos, ve nuestra fidelidad, ve ese deseo sincero de responder a su llamado y de acercarnos más a Dios. Y desde la profundidad de su corazón maternal, da gracias a Dios por cada uno de nosotros. Y después de dar gracias a Dios por cada uno de nosotros, nuestra Madre se dirige a sus hijos y les dice algo que toca profundamente el corazón: "De manera particular, hijitos, gracias por haber respondido a mi llamado". Qué hermoso es escuchar estas palabras. La Reina del Cielo agradeciendo la respuesta de sus hijos. Está agradeciendo cada sí, Cada esfuerzo por orar con el corazón, cada rosario rezado con amor, cada sacrificio ofrecido por amor a Dios, cada intento por ayudar, cada eucaristía vivida con fe, cada confesión hecha con sinceridad, cada esfuerzo por leer y vivir la palabra de Dios, cada momento de oración en familia, cada acto de perdón, cada esfuerzo por vivir sus mensajes, cada paso dado en el camino de la conversión. Porque responder a su llamado no significa hacerlo todo perfectamente. Significa seguir caminando, seguir intentándolo, volver a empezar una y otra vez. Y nuestra madre ve todo eso, lo recibe y lo guarda en su corazón. Y hoy nos da las gracias por ello. Y entonces nuestra madre nos revela algo muy importante. Ella misma nos dice: "Los estoy preparando para nuevos tiempos". Qué palabras tan profundas. Nuestra madre nos ha estado preparando durante todos estos años, preparándonos para permanecer firmes en la fe, para perseverar en la oración, para permanecer cerca de Dios en medio de un mundo que tantas veces quiere vivir sin él. Y todo esto tiene un propósito: que el Espíritu Santo pueda obrar a través de nosotros y renovar la faz de la Tierra. Qué hermoso pensar que nuestra madre nos está preparando para ser instrumentos del Espíritu Santo, para llevar esperanza donde reine el desánimo, para llevar luz donde domina la oscuridad, para llevar fe donde se instala la duda, para llevar amor donde crece la indiferencia, para llevar paz donde surge la división. Porque cuando permanecemos firmes en la fe y perseveramos en la oración, el Espíritu Santo puede actuar a través de nosotros, tocar muchos corazones y transformar muchas vidas. María, Reina de la Paz, ruega por nosotros.