Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Queridos Hijos, Estoy Con Ustedes Para Guiarlos Hacia La Santidad De La Vida.
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Nuestra Madre nos recuerda que no vivimos solamente para esta tierra. Somos peregrinos en camino hacia la Casa del Padre, y ella está con nosotros para guiarnos hacia la santidad de la vida.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. A pocos días de celebrar el cuarenta y cinco aniversario de la presencia de nuestra Madre en Medugorie, seguimos preparando nuestro corazón y abriendo nuestra alma a las enseñanzas que ella nos ha dejado durante todos estos años. Hoy reflexionamos el mensaje del 25 de junio del 2020, donde nuestra madre nos dice: Queridos hijos, escucho sus súplicas y oraciones e intercedo por ustedes ante mi Hijo Jesús, que es el camino, la verdad y la vida. Hijitos, regresen a la oración, abran sus corazones en este tiempo de gracia y emprendan el camino de la conversión. Su vida es pasajera y sin Dios no tiene sentido. Por eso estoy con ustedes, para guiarlos hacia la santidad de la vida, para que cada uno descubra la alegría de vivir. Hijitos, los amo a todos y los bendigo con mi bendición maternal. Gracias por haber respondido a mi llamado. Qué palabras tan profundas. Nuestra Madre nos recuerda que nuestra vida es pasajera. No para llenarnos de miedo, no para inquietarnos, no para que vivamos preocupados por el mañana. Nos lo recuerda para ayudarnos a descubrir lo que verdaderamente importa. Porque esta vida no es nuestra meta definitiva. Estamos de paso, somos peregrinos. Hemos sido creados para algo mucho más grande. Hemos sido creados para la vida eterna. Y precisamente por eso nuestra Madre nos dice: "Estoy con ustedes para guiarlos hacia la santidad de la vida". Qué hermosa expresión. Nuestra Madre no solamente quiere acompañarnos, quiere guiarnos, quiere conducirnos por el camino de la santidad. Porque la santidad no es un llamado para unos pocos, es el llamado de todos los hijos de Dios. Y esta invitación no aparece solamente en este mensaje. Nuestra Madre nos las ha repetido muchas veces a lo largo de los años. Por ejemplo, en el mensaje del 2 de diciembre del 2017 nos dijo: "Ustedes también pueden ser santos". Y enseguida nos explicó quiénes son los santos. Nuestra Madre nos dice: "Santos son aquellos que aman sin medida al Padre celestial, aquellos que lo aman sobre todas las cosas". Qué sencilla y qué profunda es esta definición. La santidad comienza en el amor. Comienza cuando ponemos a Dios en el primer lugar de nuestra vida. Comienza cuando buscamos su voluntad por encima de la nuestra. Comienza cuando aprendemos a amar como él nos ama. Y nuestra Madre no solamente nos dice que podemos ser santos, también nos revela el deseo más profundo de su corazón por cada uno de nosotros. En un mensaje del 12 de noviembre de 1986 nos dijo: "Deseo que cada uno de ustedes que haya estado en esta fuente de gracia llegue al paraíso con el don especial de la santidad Qué palabras tan llenas de amor. Qué hermoso pensar que ese es el deseo de nuestra madre para sus hijos. Ella no nos llama a la oración porque sí. No nos invita al ayuno porque sí. No nos habla de conversión porque sí. No nos guía por el camino de la santidad porque sí. Ella mira mucho más lejos de lo que nosotros podemos ver. Ella mira la eternidad y desea que un día cada uno de nosotros llegue a la casa del Padre. Quizás por eso, precisamente en estos días nos ha recordado que nuestra vida aquí en la tierra es temporal y que debemos dirigir nuestro corazón hacia la vida eterna. Pero también nos ha dejado una tarea muy concreta: dejar una huella de nuestra presencia. Qué importante preguntarnos qué huella estamos dejando. Una huella de amor, de oración, de paz, de servicio, de fe. Porque la vida pasa rápidamente, pero el amor que damos no se pierde. Las oraciones que ofrecemos no se pierden. Los sacrificios hechos por amor a Dios no se pierden. Y cada persona que ayudamos a acercarse más a él recibe un regalo que puede acompañarla toda la vida y conducirla hacia la eternidad. Quizás esa es la huella que nuestra madre nos invita a dejar. Una huella de amor, una huella de fe, una huella de esperanza, una huella de santidad, una huella que ayude a otros a acercarse más a Dios, porque nuestra vida aquí es breve, pero fuimos creados para la eternidad. No vivimos solamente para esta tierra, no nos vamos a quedar aquí. Somos peregrinos, vamos caminando hacia la casa del Padre y nuestra madre está con nosotros para ayudarnos a prepararnos para ese encuentro. María, Reina de la Paz, ruega por nosotros