Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje

El Padre Celestial Ama A Cada Uno De Ustedes Y Los Llama Por Su Propio Nombre.

Paty Gallego Season 4 Episode 140

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El Padre Celestial nos ama personalmente, conoce toda nuestra historia y nunca nos ha abandonado. Cuando descubrimos quién es Él, la oración deja de ser una obligación y se convierte en el encuentro gozoso con nuestro Padre.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. En los últimos días nuestra Madre nos ha ido llevando de la mano. Primero nos enseñó que la oración es vida. Después nos pidió que no desistamos de la oración. Más tarde descubrimos que la oración es una conversación con Dios. Hoy nos lleva todavía más adentro. No basta con hablar con Dios de vez en cuando. Nuestra Madre nos invita a una relación personal con el Padre Celestial. Escuchemos su mensaje del 2 de noviembre del 2013. "Queridos hijos, de nuevo los invito maternalmente a amar. Oren sin cesar por el don del amor y amen al Padre Celestial sobre todas las cosas. Cuando aman al Padre Celestial, aprenden también a amarse a ustedes mismos y amar a su prójimo. Esas dos cosas no se pueden separar. El Padre Celestial ama a cada uno de ustedes y los llama por su propio nombre. Hijos míos, por medio de la oración escuchan la voluntad del Padre Celestial. Hablen con él y establezcan una relación personal con el Padre. Como Madre, deseo que por medio de la oración conozcan cada vez más al Padre Celestial y se acerquen a él. Hijos míos, oren, oren, oren por el don del amor, porque el amor es mi hijo. Gracias por haber respondido a mi llamado". Detengámonos en estas palabras de nuestra madre: "Hablen con él, establezcan una relación personal con el Padre". Y en el mismo mensaje nos revela algo que puede cambiar nuestra vida. El Padre celestial ama a cada uno de ustedes y los llama por su propio nombre. Qué misterio tan grande. Con frecuencia pensamos en Dios como si fuera alguien inmenso, lejano, ocupado en sostener el universo. Y es verdad que lo es. Pero al mismo tiempo, ese Dios infinito y maravilloso es tu Padre. Conoce tu nombre, conoce tu historia, conoce las lágrimas que nadie ha visto, las heridas que has guardado en silencio, los miedos que no te atreves a contar, las alegrías que llenan tu corazón y hasta los deseos más profundos que solo él conoce. Y aun conociéndolo todo, no deja de amarte. No eres uno más entre millones de personas. Eres su hijo, eres su hija y por eso te llama por tu propio nombre. Nuestra madre ya nos había dicho en otro mensaje: "Dios Padre no está lejos de ustedes ni les es desconocido ¿Cuántas veces vivimos como si él estuviera lejos, como si hubiera que convencerlo para que nos escuchara o como si permaneciera indiferente a nuestra vida? Pero la verdad es otra. El Padre nunca ha estado lejos. Ha caminado con nosotros desde el primer instante de nuestra existencia. Ha estado presente en nuestros días luminosos y también en aquellas noches en las que pensábamos que estábamos completamente solos. Incluso cuando no podíamos reconocer su presencia, él seguía sosteniéndonos con un amor silencioso y fiel. Y por eso, cuando empezamos a dedicar más tiempo a Dios, sucede algo muy hermoso. Nuestra mirada cambia. Comenzamos a recordar momentos de nuestra vida con una luz nueva. Descubrimos que aquello que parecía abandono nunca lo fue, que en medio del sufrimiento alguien nos sostenía, que cuando creíamos haber caminado solos, el Padre ya iba a nuestro lado. Entonces comprendemos que la oración no consiste solamente en pedir, es volver una y otra vez al corazón del Padre. Es permanecer con aquel que nos conoce mejor que nosotros mismos. Es dejarnos mirar por ese amor que nunca se ha cansado de esperarnos. Por eso la Virgen no nos dice solamente: "Hablen con él". Nos dice: "Establezcan una relación personal con el Padre". Porque un padre no desea solamente que sus hijos lo busquen cuando tienen una necesidad. Desea compartir la vida con ellos, desea escuchar sus alegrías y sus lágrimas. Desea que aprendan a confiar plenamente en su amor. Y cuando el corazón descubre que tiene un padre que lo conoce, que lo ama y que nunca ha dejado de acompañarlo, la oración deja de ser un deber, se convierte en el deseo de estar con él. Ya no hablamos con Dios porque tenemos que rezar. Hablamos con él porque el corazón anhela encontrarse con su Padre. María, Reina de la Paz, ruega por nosotros.