Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
En estos Podcasts reflexionamos sobre las palabras preciosas de Nuestra Madre, la Reina de la Paz. Palabras hermosas que vienen del Cielo como un regalo para nosotros.
Reflexiones de los Mensajes de la Virgen Maria en Medjugorje
Dios Lo Sabe Todo, Dios Ve Y Dios Ama.
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La Virgen conoce el anhelo más profundo de nuestro corazón y nos invita a abrirnos a la oración para llevarnos hacia Jesús. Él quiere regalarnos un amor sincero hacia el Padre y transformar nuestro corazón. Cuando buscamos primero el Reino de Dios y aprendemos a confiar en su Providencia, descubrimos una paz nueva: Dios lo sabe todo, Dios ve, Dios ama y, por eso, todo lo demás Él lo ve y lo provee.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra. En las reflexiones anteriores hemos contemplado cuánto nos ama el Padre, que todo lo que somos y tenemos es un regalo suyo y que nos ha escogido para formar parte de su plan de salvación. Hoy nuestra madre nos enseña cómo responder a ese amor. Escuchemos este hermoso mensaje del 25 de abril del 2002. Queridos hijos, alégrense conmigo en este tiempo de primavera, cuando la naturaleza despierta y sus corazones anhelan un cambio. Ábranse, hijitos, y oren. No se olviden de que yo estoy con ustedes y de que deseo llevarlos a todos hacia mi Hijo para que él les regale un amor sincero hacia Dios y hacia todo lo que viene de él. Ábranse a la oración y pídanle a Dios la conversión de su corazón y todo lo demás él lo ve y lo provee. Gracias por haber respondido a mi llamado. Qué hermosa es nuestra madre. Antes de pedirnos algo, nos revela que conoce nuestro corazón. Ella sabe que, aunque muchas veces no sepamos explicarlo, nuestro corazón anhela un cambio. Anhela una paz que el mundo no puede dar, un amor que permanezca y una felicidad que no termine. Buscamos llenar ese anhelo de muchas maneras, pero en el fondo nuestro corazón está buscando a Dios. Por eso la Virgen nos dice con tanta sencillez: "Ábranse y oren". Porque el verdadero cambio no comienza cuando cambian las circunstancias de nuestra vida, comienza cuando Dios transforma nuestro corazón. Después nos regala unas palabras que llenan el alma de consuelo: "No se olviden que yo estoy con ustedes". Qué tranquilidad saber que no caminamos solos. Nuestra madre permanece con nosotros, intercede por nosotros y nos acompaña cada día. Pero enseguida nos revela el mayor deseo de su corazón: "Deseo llevarlos a todos hacia mi hijo". Esa es toda la misión de María. Ella nunca nos detiene en sí misma. Nos toma de la mano y nos lleva hasta Jesús, y Jesús nos conduce al Padre. Entonces escuchamos una promesa maravillosa: "para que él les regale un amor sincero hacia Dios y hacia todo lo que viene de él". Qué regalo tan grande. Jesús quiere regalarnos un corazón capaz de amar al Padre, de confiar plenamente en él y de abrazar con paz todo aquello que él permite en nuestra vida. Y el mensaje termina con unas palabras que parecen un abrazo para el corazón Y de todo lo demás, él lo ve y lo provee. Estas palabras nos recuerdan la enseñanza de Jesús: "Busquen primero el reino de Dios y todo lo demás se les dará por añadidura". La Virgen nos está diciendo algo muy sencillo: no vivan angustiados queriendo resolverlo todo. No carguen solos el peso de mañana. No permitan que las preocupaciones ocupen el lugar que solo le pertenece a Dios. Su primera preocupación debe ser otra. Abrir el corazón, buscar a Dios, dejarse conducir por Jesús y pedir la conversión del corazón. Lo demás, déjenlo en las manos del Padre. Por qué podemos descansar con esa confianza? Porque años después la misma Virgen nos regaló estas palabras: "Dios lo sabe todo. Dios ve. Dios ama". Qué paz da escuchar esto. Dios lo sabe todo. No hay una sola preocupación tuya que él desconozca. Dios ve, ve tus luchas, tus lágrimas, tus miedos y todo lo que llevas en el corazón. Y Dios ama. No te mira con indiferencia, te mira con el amor de un padre que nunca abandona a sus hijos. Por eso la Virgen puede decirnos con tanta confianza y todo lo demás Él lo ve y lo provee. La Virgen no nos promete una vida sin dificultades, nos promete algo mucho más grande, que nunca estaremos fuera de la mirada amorosa del Padre. María, Reina de la Paz, ruega por nosotros